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Exposición de la Diputada Montaner sobre los 140 años de UTU

Conmemoramos este año los 140 años de una institución que ha marcado la historia educativa de nuestro país y a la que -sin duda- mucho le resta aún para brindar a la educación del Uruguay.


Me refiero al actualmente denominado Consejo de Educación Técnico Profesional, nuestra querida (y no siempre justamente valorada) UTU, la cual aún cambiando su nombre no deja de ser conocida, identificada y llamada por su antigua denominación.
El inicio de la enseñanza profesional técnica y tecnológica en el Uruguay debe enmarcarse en el contexto histórico en el cual nació y para ello debemos referirnos a la creación de la Escuela de Artes y Oficios (EAYO) en el año 1878.
Ésta surgió con una visión más bien correccional ya que los alumnos no ingresaban por su propia voluntad y mucho menos por su vocación, sino enviados o bien por la autoridad pública o por sus padres.
Es así que la formación técnica que se les brindaba, si bien procuraba capacitarlos en un oficio, también tenía por fin corregir sus inconductas.
El régimen fue durante mucho tiempo de internado y de rigurosa disciplina. Una referencia a ello podemos ver en la revista de la Liga Industrial donde Bralich cita lo que sin duda era el pensamiento del momento. Lo que se buscaba mediante la instalación de “una pequeña Escuela de Artes y Oficios en cada cabeza de departamento” y cito textual era “moralizar y habilitar para el trabajo honrado a más de 400 niños....” muchos de los cuales, por sus inconductas, hoy consideraríamos como “menores infractores”.
Fue ese 31 de diciembre de 1878, con el Decreto de Latorre que se sembró la semilla de una institución que supo adaptarse, evolucionar, crecer y posicionarse como el referente de enseñanza que es hoy día.
En 1879 el entonces Jefe del Estado Mayor, Cnel. Ventura Torrens, autoriza el ingreso de alumnos para que sean orientados a aprender oficios útiles, comenzando el camino a la creación de esa escuela-taller, lo que durante años caracterizó su funcionamiento.
Al carácter original de “correccional” se le sumó otro no menos importante para el momento histórico de su nacimiento: el haber sido una unidad que producía y abastecía al Estado de lo que éste en esa época demandaba. Así de sus talleres salían bancos y mesas para las escuelas o uniformes para los soldados. Tuvo también el cometido de formar mano de obra capacitada para una industria, en la época, de incipiente expansión.
En 1880 asume la dirección el Cnel. Juan Belinzon, acentuando una disciplina en la institución de por sí rígida y aún sin planes de estudio ni reglamento interno.
Entre 1879 y 1881 la oferta de cursos pasa de 11 a 24 y se recurre a la contratación de profesores extranjeros para determinados cursos como escultura, litografía y mecánica y la matrícula aumenta un 136%, pasando de 178 internos a 420.
En 1890 se inaugura un nuevo local-sede con capacidad para 600 alumnos, el cual en ocasión de ser visitado por Domingo Sarmiento, fue calificado como el “mejor establecimiento de su género en la América del Sur”.
La Escuela pasó luego a depender, ya en la órbita civil y no militar, del Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública (corría el año 1887) y en 1890 de la Comisión de Caridad, siendo trasladada al actual edificio de la calle San Salvador y Minas.
Sin una inserción aun en el sistema educativo, en 1913 se la hace depender de la secretaría de Industrias, siendo recién con la ley de Enseñanza Industrial de 1916 que se crea el Consejo Superior de la Enseñanza Industrial donde quedará inserta como la Escuela Nacional de Artes y Oficios bajo la dirección de un gran maestro: el Dr. Pedro Figari
Es una época de cambios en lo económico- productivo: la industria se tecnifica y la división del trabajo marca el modelo en lo laboral..
Pero también es época de grandes cambios sociales que la UTU acompasa: la aspiración educativa se considera más como vocacional que como correccional y el ingreso a las aulas se generaliza, incorporándose a la mujer a los estudios medios (secundarios o liceales), así como a artes y oficios.
La educación pasa a ser laica y gratuita.
Bajo la Dirección del Dr. Luis Caviglia se crean más escuelas industriales, se extiende la oferta educativa a los barrios montevideanos y (aún tímidamente) al interior del país, con cursos diurnos y algunos nocturnos (como los destinados a la enseñanza comercial: contabilidad, dactilografía, taquigrafía, entre otros)
Así como la institución sufrió las dificultades que vivió el país, no siempre las visiones que se tuvo sobre su destino fueron unánimes, algunas incluso destructivas.
A fines del siglo XIX (1898) pugnaba por un lado la visión de quienes veían que muchas profesiones (como sastrería, zapatería, hojalatería, etc.) debían adquirirse desde la práctica en talleres, mientras otras (como mecánica, electrónica, litografía) requerían de conocimientos científicos y matemáticos.
La UTU supo no sólo adecuarse a las demandas, sino también afrontar esas diversas visiones educativas, así como las crisis económicas, las guerras mundiales, los quiebres institucionales y democráticos.
Nuevos paradigmas educativos se impusieron, el mundo cambiaba y la educación con ellos.
En 1921 se inauguró la primera escuela del interior del país en San José a las que les siguieron Canelones y Paysandú y en 1927 la primera Escuela Industrial de Lechería en Colonia Suiza que con la promoción del cooperativismo fortaleció esta área.
En 1928, bajo Presidencia del Dr. Jiménez de Aréchaga, se inicia la coordinación con Primaria, facilitando que alumnos que egresaban de la escuela tuvieran una continuidad de estudios en el área técnica y tecnológica, propiciando no sólo el acercamiento de los dos sistemas sino también fomentando una educación integral y vocacional.
Podemos decir que durante el período 1934-1942 se procuró prestigiar la enseñanza industrial considerando que debía tener la misma consideración que la enseñanza primaria y la enseñanza liceal.
Es en 1942, bajo la Presidencia del Dr. Alfredo Baldomir que se envía el mensaje a la Asamblea General propiciando la creación de la Universidad del Trabajo del Uruguay. Bueno es reconocer que dos proyectos enviados anteriormente, por José Arias, habían –lamentablemente- naufragado.
Ese año 1942, más precisamente el 9 de setiembre (día que hoy se conmemora como del Estudiante y Trabajador de UTU), se promulga la ley 10.225 que en su artículo 1 dispone textualmente: “Con la base de los organismos que actualmente integran la Dirección General de la Enseñanza Industrial y los que de análogas funciones puedan establecerse en el futuro, créase la Universidad del Trabajo del Uruguay”.
Su artículo 2do, a la vez, establece que a la UTU le compete:
- “La enseñanza cultural destinada a la elevación intelectual de los trabajadores y a su formación técnica:
- La enseñanza completa de los conocimientos técnicos, manuales e industriales atendiéndose en forma especial lo relacionado con las industrias extractivas y de transformación de materias primas nacionales;
- La enseñanza complementaria de los obreros;
- La enseñanza de las artes aplicadas;
- La contribución al perfeccionamiento de las industrias existentes, fomento y colaboración con las que puedan organizarse;
- Información respecto a la estructura y funcionamiento de las industrias nacionales y
- El examen de aptitudes técnicas”.
En ese momento los cursos, escuelas y secciones de UTU ya se habían extendido por diversos lugares del país y contaba con 12.672 alumnos.
En Montevideo: Escuela Industrial de Mecánica y Electrotecnia, Escuela de Industrias de la Construcción, Escuela de Industrias Femeninas, Escuelas de Artes Gráficas, Escuela de Industrias Navales, Escuela de Artes Pláticas, Secciones Comercio y Cálculo Comercial, Escuela Plástica Decorativa, Cursos Complementarios Nocturnos para Obreros en el Cerro, Unión y Maroñas, Museo Tecnológico y Biblioteca.
En el interior del país: la Escuela Industrial de San José, Escuela Industrial de Lechería en Colonia Suiza, Escuela de Enología en Las Piedras, Escuela de Silvicultura en Maldonado, Escuela Industrial de Citricultura en Salto, Escuela Industrial en Carmelo, Escuelas Agrario Industriales en Paysandú, San Ramón, Mercedes, Florida, Trinidad, Rivera, Tacuarembó, Durazno, Sarandí Grande, Minas, Treinta y Tres, San Carlos Minas de Corrales y Rosario.
Para ir finalizando quiero destacar dos aspectos más de esta querida institución educativa que hoy nos convoca.
El primero es la preocupación por la educación de la mujer.
La voluntad de abrirle espacios y de abarcar en su oferta educativa a las mujeres se genera ya en el año 1918 cuando la denominada Escuela Nº 3, dictaba cursos de dibujo, industria, pintura, decorativa, cestería, modelado, encuadernación, taracea, cerámica e hilados a unas 118 alumnas. Un año después la oferta aumenta y se adiciona lencería, bordado y encajes, corte y confección, fajas y corsés y el cuerpo estudiantil asciende a 210 alumnas.
Los cursos aumentan y cada vez abarcan oficios que ya no son catalogados como femeninos y abarca cursos de trabajos en astas, huesos, marfil, maderas, cueros, engarces de piedras, relojería y juguetería. Con ello se abrió a las mujeres otras opciones que iba más allá de ingresar Escuela Normal para ser Maestra o seguir estudios liceales para ingresar a la Universidad.
El mundo del trabajo se abría para mujeres que se capacitaban para su incorporación masiva al mercado laboral.
Adecuada a los requerimientos de la época se habilitaron los denominados cursos femeninos de industria en Soriano, Dolores, Cardona, Vergara, Fraile Muerto, Lascano, Joaquín Suárez, Canelones y Maldonado y Escuelas en Paso de los Toros, Young y Sarandí del Yí, así como la Escuela Pre-Vocacional.
El segundo aspecto a destacar es que la UTU tuvo la visión no sólo de capacitar para el trabajo asalariado sino también para que sus egresados tuviesen los conocimientos y las competencias para ser trabajadores autónomos, formar sus propios emprendimientos y permanecer en sus lugares de origen sin la imperiosa necesidad de buscar trabajo en la capital y vaya si eso para quienes somos del interior del país y del interior profundo, es importante.
Hoy día la UTU apuesta a más, ya no sólo capacita para el mercado laboral a través de cursos técnicos sino también para el ingreso universitario y la carrera docente, la cual esperamos que bien pronto le sea reconocido igual carácter.
En esa evolución histórica, la UTU se constituye en 1943 como Ente Autónomo, carácter que perderá con la Ley de Educación 14.101 en el año 1973, hasta que por Ley 15.739 se crea la ANEP, con autonomía técnica y académica. El Consejo de Educación Técnico Superior pasa a denominarse Consejo de Educación Técnico Profesional y -sin recuperar la autonomía perdida- goza de la de la ANEP, con la naturaleza jurídica de Consejo Desconcentrado.
La historia a partir de allí es por todos conocida por ser muy reciente y todos acá la vivimos y conocemos, por lo que no los aburriré con ello.
Les pido, sí, que me dejen valorar la amplitud y variedad de propuestas educativas que la UTU nos da; destacar sus edificios funcionales, renovados, tecnificados.
Seguramente no todo lo que quisiéramos pero en los que mucho empeño y recursos los uruguayos hemos invertido; la incorporación de bachilleratos tecnológicos, cursos de formación profesional superior y tecnicaturas acompasando una vez más las exigencias del mercado laboral, pero también las demandas de los jóvenes de hoy día.
La UTU es sin duda parte de los acontecimientos históricos que vivió nuestro país y también parte de la historia que hizo del Uruguay lo que éste es hoy día.
La actualidad y valoración de sus cursos lo demuestra el crecimiento año a año de su matrícula, la que (según datos que nos brindara el Consejo en respuesta a un pedido de informe que le formuláramos), a marzo del 2018, ascendía a 98.744 (2% MÁS QUE EN EL AÑO ANTERIOR), correspondiendo el 38% (37.754) de los inscriptos a la Educación Media Básica; el 49% A EDUCACIÓN MEDIA SUPERIOR; el 11% A EDUCACIÓN TERCIARIA y el 2% A FORMACIÓN PROFESIONAL. En cuanto a los centros educativos, a igual período, corresponden 84 ESCUELAS TÉCNICAS; 16 ESCUELAS SUPERIORES TÉCNICAS; 9 INSTITUTOS; 28 AGRARIAS; 3 SUPERIORES AGARIOS; 6 CENTROS EDUCATIVOS COMUNITARIOS; 18 CENTROS EDUCATIVOS ASOCIADOS; 7 POLOS; 7 ANEXOS A CENTROS EDUCATIVOS CON COORDINACIÓN a lo que se suma experiencias virtuales y comunitarias fuera de los centros, entre otros.
Estamos ante una organización educativa que ha sabido educar no sólo en el hacer sino también en el valor del trabajo.
Hacer, saber hacer, valorar el hacer, enorgulleciéndonos de lo que hacemos ha permitido a los educandos egresados de UTU no sólo desarrollarse en lo personal, sino también contribuir a crear un mundo mejor donde criar a sus hijos.
Finalmente, mi reconocimiento a quienes fueron a lo largo del tiempo y lo son hoy día sus autoridades, docentes y personal.
Ellos son junto a los alumnos y la comunidad en la que cada centro de enseñanza está inserta, los que hacen posible que la institución UTU sea grande.
Solicito que mis palabras sean enviadas a la Ministra de Educación y Cultura, al Codicen, a las autoridades del Consejo de Educación Técnico Profesional, del Centro Educativo Asociado Esc. Nº 84 La Matutina de Tacuarembó, de la Escuela Agraria Tacuarembó “Ing. Agr. Gregorio Heguera”, de la Escuela Técnica Paso de los Toros, de la Escuela Técnica Paso de los Toros Anexo San Gregorio de Polanco, de la Escuela Técnica Superior Tacuarembó, del Polo Educativo Tecnológico Tacuarembó, a la prensa nacional y de Tacuarembó.
Gracias Sr. Presidente.

 

 

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